La discusión sobre si el cumplimiento normativo (compliance) es un gasto o una inversión es frecuente en el mundo empresarial. A primera vista, podría parecer que destinar recursos a prevenir incumplimientos regulatorios, capacitar al personal o implementar sistemas de control es un costo sin retorno tangible. Sin embargo, esta visión suele ser miope y deja de lado el impacto estratégico del compliance en la creación y protección de valor.

Veamos por qué. El incumplimiento de normas puede acarrear sanciones económicas, demandas, pérdida de clientes, daños reputacionales y pérdida de valor para la compañía. Por el contrario, un buen programa de compliance actúa como un escudo protector, evitando que la organización sufra pérdidas y, por ende, resguardando su valor en el mercado. En otras palabras, el compliance no solo ayuda a cumplir con la ley, sino que, sobre todo, es un factor clave para preservar la reputación, la confianza de los inversionistas, la fidelidad de los clientes y la motivación interna del equipo.

¿Tiene esto un retorno de la inversión (ROI)? Sí. Aunque no siempre se vea reflejado en un balance inmediato, el compliance brinda retornos a mediano y largo plazo, ya que reduce la probabilidad de pérdidas graves, disminuye la volatilidad y crea condiciones más estables para el crecimiento sostenible. Incluso puede generar oportunidades de negocio al asegurar a stakeholders e inversionistas que la empresa opera de manera íntegra y ética.

En definitiva, el compliance es más una inversión que un gasto. Invertir en sistemas de prevención, control y formación interna no solo evita pérdidas, sino que también protege y aumenta el valor de la organización a lo largo del tiempo. Y si algo previene la fuga de valor, ¿realmente es un gasto? Por supuesto que no. Es una inversión inteligente en la estabilidad y proyección futura de la empresa.


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